Estar en pareja y sentirse solo

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Estar acompañado no siempre significa sentirse acompañado. Muchos hombres viven relaciones estables, duraderas y funcionales, pero experimentan una sensación persistente de soledad.

No se trata necesariamente de conflictos constantes ni de grandes discusiones. A veces, la distancia se instala de forma silenciosa, casi imperceptible, hasta que uno se da cuenta de que ya no se siente visto ni escuchado.

Este tipo de soledad suele vivirse en silencio, porque cuesta explicarla sin que suene a reproche o ingratitud.

La dificultad de hablar sin generar conflicto

Para muchos hombres, expresar malestar en la pareja se vive como un riesgo. Decir lo que uno siente puede interpretarse como una crítica, una queja o una amenaza a la estabilidad de la relación.

Ante esa percepción, muchos optan por callar, adaptarse o minimizar lo que les ocurre. A corto plazo, esto evita conflictos. A largo plazo, profundiza la distancia emocional.

En algunos casos, contar con un espacio terapéutico individual ayuda a comprender qué ocurre en la relación y qué lugar ocupas tú en ella. Puedes reservar una sesión si ya tienes claro que deseas iniciar este trabajo.

Cuando el rol sustituye al vínculo

En muchas relaciones, los roles (proveedor, padre, compañero, responsable) ocupan tanto espacio que el vínculo queda en segundo plano. Se habla de logística, de obligaciones, de problemas prácticos, pero cada vez menos de lo que se siente.

Esto no significa que la relación esté rota, sino que ha dejado de ser un espacio de encuentro emocional.

El lugar del acompañamiento terapéutico

El acompañamiento terapéutico relacional no busca decirle a nadie cómo debe relacionarse. Busca ayudar a comprender:

  • ¿Qué se calla?

  • ¿Por qué se calla?

  • ¿Qué precio se paga por callarlo?

En muchos casos, el trabajo no es “arreglar la relación”, sino revisar la forma en que uno se relaciona consigo mismo dentro de ella.

Sentirse solo en pareja no es una traición al vínculo, es una señal. Ignorarla suele aumentar la distancia; escucharla puede abrir nuevas formas de encuentro.

Hablar de lo que ocurre, primero con uno mismo y luego con otros, es un acto de responsabilidad emocional.

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