La escucha terapéutica no es pasiva


Cuando se habla de escucha, suele imaginarse algo pasivo, como alguien que habla y otro que simplemente atiende en silencio. Sin embargo, en el contexto terapéutico, escuchar es una acción profundamente activa y comprometida.
La escucha terapéutica no consiste solo en oír lo que se dice, sino en atender a cómo se dice, a lo que se evita, a lo que se repite y a lo que aparece entre líneas. Es una forma de presencia que sostiene el proceso y le da dirección, sin imponerla.
En este artículo explico qué se entiende por escucha terapéutica y por qué es una pieza central del acompañamiento.
Escuchar no es asentir ni tranquilizar
Una idea frecuente es que escuchar bien implica validar todo o tranquilizar rápidamente. En terapia, esto puede convertirse en una forma sutil de evitar el malestar.
La escucha terapéutica no busca calmar de inmediato ni confirmar automáticamente los relatos. Busca comprender la experiencia que hay detrás de las palabras, incluso cuando esta resulta incómoda, contradictoria o confusa.
Acompañar no es eliminar el malestar, sino crear un espacio donde pueda ser pensado y elaborado.
Atender a la experiencia, no solo al relato
Las personas no solo traen historias, traen experiencias vivas. A veces el relato está muy elaborado, pero la experiencia emocional permanece desconectada o contenida.
La escucha terapéutica presta atención a:
Los silencios.
Los cambios de tono o ritmo.
Las emociones que aparecen y desaparecen.
Las tensiones entre lo que se dice y lo que se siente.
Desde ahí, se facilita que la persona pueda entrar en contacto con su propia experiencia de una manera más integrada.
Una escucha que también se implica
Escuchar terapéuticamente no es desaparecer como terapeuta. Implica una presencia activa, sensible a lo que ocurre en la relación y a cómo esta influye en el proceso.
La escucha incluye devolver, señalar, poner palabras cuando es necesario, siempre desde el respeto y el encuadre acordado.
Esta implicación es la que diferencia la escucha terapéutica de una conversación cotidiana o de un simple desahogo.
La escucha como base del vínculo
El vínculo terapéutico se construye, en gran medida, a través de una escucha sostenida y coherente en el tiempo. Cuando una persona se siente realmente escuchada, no solo comprendida intelectualmente, puede empezar a revisar aspectos profundos de su experiencia.
En muchos casos, el malestar no proviene de “no saber qué hacer”, sino de no haber tenido espacios donde la experiencia pudiera ser escuchada sin exigencias ni juicios.
La escucha terapéutica no es una técnica puntual, sino una actitud constante que estructura todo el proceso. Es una forma de presencia que permite que lo que suele quedar en segundo plano encuentre un lugar donde ser pensado.
Sin esta escucha, no hay acompañamiento posible.
Si sientes que necesitas un espacio donde poder hablar y ser escuchado de esta manera, puedes solicitar una sesión como primer paso para explorar si este acompañamiento encaja contigo.
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