Autores que influyen en mi forma de acompañar

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Con frecuencia se pregunta por “la corriente” o “la escuela” desde la que trabaja un terapeuta. Detrás de esa pregunta suele haber una inquietud legítima de saber desde dónde se mira a la persona, cómo se entiende el malestar y qué tipo de relación se propone en el proceso terapéutico.

Mi forma de acompañar no responde a un único autor ni a una teoría cerrada. Se ha ido construyendo a partir de distintas influencias dentro del enfoque humanista y relacional, que comparten una idea central; la experiencia humana no puede reducirse a técnicas, diagnósticos o explicaciones universales.

En este artículo presento a uno de los referentes que han influido en mi manera de entender y sostener el trabajo terapéutico.

Carl Rogers y la primacía de la relación

Carl Rogers es una referencia fundamental del enfoque humanista. Su aportación principal no fue una técnica, sino una manera radicalmente distinta de entender la relación terapéutica.

Rogers situó la relación —basada en la autenticidad, la aceptación y la comprensión empática— como el elemento central del proceso. Desde esta perspectiva, el cambio no se produce porque el terapeuta “haga algo” sobre la persona, sino porque se crea un espacio donde esta puede entrar en contacto con su propia experiencia de forma más honesta.

Esta idea sigue siendo un pilar de mi manera de trabajar; sin una relación clara y cuidada, no hay proceso posible.

La mirada relacional como vínculo y contexto

Las corrientes relacionales ponen el acento en que la experiencia humana se construye siempre en relación. No somos sujetos aislados, sino personas atravesadas por vínculos, historias compartidas y contextos específicos.

Desde esta perspectiva, el malestar no se entiende únicamente como algo interno, sino como el resultado de determinadas formas de vincularse, de sostener expectativas o de responder a exigencias externas e internas.

Esta mirada resulta especialmente relevante para comprender muchos malestares masculinos actuales, que no siempre encuentran un lugar donde ser pensados fuera de la lógica del rendimiento o del control.

La experiencia antes que la teoría

Otra influencia importante del enfoque humanista es la prioridad otorgada a la experiencia concreta sobre los modelos teóricos cerrados.

Las teorías sirven como mapas, no como moldes. El trabajo terapéutico no consiste en encajar a la persona en una explicación previa, sino en escuchar lo que trae y acompañar la elaboración de su experiencia tal como se presenta.

Esto exige una actitud abierta, reflexiva y respetuosa con el ritmo de cada proceso, más que la aplicación de esquemas prefijados.

Rigor sin rigidez

Trabajar desde un enfoque humanista y relacional no implica ausencia de rigor. Al contrario, exige una atención constante al encuadre, a la relación y a los límites del trabajo.

El rigor aquí no se expresa en protocolos cerrados, sino en la coherencia del proceso, en la claridad de los acuerdos y en la revisión continua de lo que se va trabajando.

Esta combinación de estructura y apertura es una de las bases de mi forma de acompañar.

Conocer los autores y enfoques que influyen en un terapeuta no es un ejercicio académico, sino una forma de comprender desde dónde se mira y se acompaña.

En mi caso, estas influencias confluyen en una manera de trabajar que prioriza la relación, la comprensión y el respeto por la singularidad de cada persona, sin promesas ni atajos.

Si te interesa iniciar un proceso desde este tipo de enfoque y valorar si encaja contigo, puedes solicitar una sesión como primer paso para explorar con calma esta posibilidad.

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