Ser padre sin un modelo claro

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Muchos hombres llegan a la paternidad con una mezcla de responsabilidad, ilusión y desconcierto. Quieren hacerlo bien, estar presentes, no repetir errores. Sin embargo, no siempre cuentan con un modelo claro que les sirva de referencia.

Para algunos, el padre estuvo ausente. Para otros, estuvo presente pero distante, exigente o emocionalmente inaccesible. En ambos casos, la paternidad despierta preguntas profundas que no siempre se saben formular.

Ser padre no solo implica criar a otro, también implica revisar la propia historia.

La herencia que no se elige

Todo padre transmite algo, incluso cuando no es consciente de ello. Formas de relacionarse, de expresar o reprimir emociones, de ejercer autoridad o cuidado. Esa herencia emocional no es necesariamente negativa, pero sí merece ser mirada.

Muchos hombres descubren, ya siendo padres, que reaccionan de maneras que no entienden del todo: rigidez, distancia, impaciencia o dificultad para expresar afecto. No porque no amen a sus hijos, sino porque están reproduciendo lo aprendido.

El peso de “hacerlo distinto”

El deseo de no repetir patrones puede convertirse, paradójicamente, en una nueva forma de exigencia. Ser el padre que uno no tuvo puede generar presión, miedo a equivocarse y una vigilancia constante sobre uno mismo.

En este punto, la terapia para padres no busca ofrecer manuales ni respuestas cerradas. Busca abrir un espacio donde el hombre pueda entender desde dónde actúa, qué espera de sí mismo y qué lugar ocupa su propia historia.

Paternidad y mundo emocional

Ser padre confronta al hombre con emociones intensas: miedo, ternura, enfado, frustración, orgullo. Cuando no se cuenta con recursos emocionales suficientes, estas emociones pueden vivirse como desbordantes o confusas.

El acompañamiento terapéutico masculino permite integrar estas experiencias sin juicio, reconociendo que aprender a ser padre es también aprender a relacionarse con uno mismo.

No existe una forma perfecta de ser padre. Existe, sí, la posibilidad de ser más consciente.

Mirar la propia historia no es quedarse en el pasado, es evitar que el pasado dirija el presente sin darse cuenta. En ese sentido, la paternidad puede ser una oportunidad profunda de crecimiento personal.

Si la paternidad ha abierto preguntas sobre tu propia historia y tu forma de estar con los demás, una entrevista de valoración puede ser un primer paso para explorar este proceso.

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