Trabajar mucho y no saber para qué

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Para muchos hombres, el trabajo ocupa un lugar central en la vida. No solo como fuente de ingresos, sino como eje de identidad, reconocimiento y estabilidad. Sin embargo, llega un momento en que, a pesar de seguir rindiendo, algo se vacía.

No siempre se trata de agotamiento extremo ni de una crisis visible. A veces es una pregunta silenciosa que aparece entre tareas: “¿Para qué estoy haciendo todo esto?”

Cuando el trabajo deja de sostener

El desgaste profesional no siempre se manifiesta como colapso. Puede aparecer como:

  • Apatía.

  • Falta de motivación.

  • Irritabilidad.

  • Sensación de estar atrapado.

Muchos hombres continúan trabajando igual, convencidos de que el malestar pasará. Pero cuando el trabajo deja de ofrecer sentido, la exigencia constante empieza a cobrar un precio emocional.

Identidad y rendimiento

En muchos casos, la identidad personal está estrechamente ligada al desempeño profesional. El valor propio se mide en resultados, responsabilidades y capacidad de aguante.

Cuando esta estructura se resquebraja —por cansancio, cambios vitales o pérdida de motivación— aparece una sensación de vacío difícil de nombrar. No es solo cansancio: es una crisis de sentido.

Cuando el malestar laboral deja de ser solo cansancio, un espacio terapéutico puede ayudarte a revisar qué está pidiendo cambio. Puedes reservar una sesión si deseas empezar este trabajo.

El lugar del acompañamiento terapéutico

La terapia por agotamiento laboral no busca empujar a decisiones precipitadas ni prometer cambios radicales. Busca algo previo: comprender qué lugar ocupa el trabajo en la vida del hombre y qué está pidiendo revisión.

A veces el cambio es externo. Otras, es interno: límites, prioridades, expectativas. En ambos casos, el acompañamiento ofrece un espacio para pensar sin urgencia ni presión.

Trabajar mucho no garantiza sentirse realizado. Y cuestionar el sentido de lo que se hace no es fracasar, es detenerse a escuchar.

El malestar laboral, cuando se atiende a tiempo, puede convertirse en una oportunidad para redefinir la relación con el trabajo y con uno mismo.

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