Aprender a estar con lo que duele sin huir

white concrete building
white concrete building

Cuando algo duele, la reacción habitual es alejarse.

Distraerse. Ocuparse. Entenderlo rápido. Resolverlo.

Huir del dolor suele parecer la opción más sensata.

El problema es que lo que se evita no se elabora.

Las formas habituales de huida

No siempre se huye de manera evidente.

A veces se hace a través de:

  • Trabajo excesivo.

  • Pensamiento constante.

  • Actividad permanente.

  • Humor defensivo.

  • Control emocional.

Estrategias que ayudan a funcionar, pero que dejan el dolor intacto.

El miedo a quedarse con lo que duele

Quedarse con el dolor suele asociarse a ideas como:

  • “Si paro, me hundo”.

  • “Si lo siento, no salgo”.

  • “Me va a superar”.

Este miedo es comprensible, especialmente cuando no se ha tenido antes un espacio seguro para hacerlo.

Estar no es quedarse atrapado

Estar con lo que duele no significa recrearse en el sufrimiento.

Significa no abandonarse cuando aparece.

Cuando el dolor puede ser acompañado:

  • Se vuelve más manejable.

  • Se clarifica.

  • Empieza a transformarse.

Lo que duele necesita tiempo y presencia, no soluciones inmediatas.

El valor de un espacio acompañado

A menudo, lo difícil no es sentir, sino hacerlo solo.

Un acompañamiento terapéutico ofrece un marco donde:

  • No hay prisa.

  • No hay exigencia de mejora.

  • No hay que demostrar fortaleza.

Solo estar, con alguien que sostiene el encuadre.

Aprender algo nuevo

Estar con el dolor es una habilidad que se aprende.

No es innata ni automática.

Y aprenderla cambia la relación con uno mismo: menos lucha, más comprensión.

Si notas que llevas tiempo evitando algo que duele, quizá no necesites huir mejor, sino poder quedarte acompañado.

Solicitar una sesión puede ayudarte a explorar si este espacio es adecuado para aprender a estar con lo que hoy cuesta sostener solo.

Explora otras publicaciones

Si te interesa profundizar, puedes leer…

El cuerpo como lugar donde aparece lo no dicho
El rol masculino dentro de la relación afectiva
Pensar mucho, sentir poco: una defensa frecuente