Tristeza contenida: cuando no hay espacio para caer

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No todos los hombres que están tristes lo saben.

Muchos no se sienten “tristes” en el sentido clásico, pero viven con una sensación constante de cansancio, vacío o desconexión.

La tristeza, cuando no encuentra espacio, no desaparece: se queda contenida.

Aprender a no caer

A muchos hombres se les enseñó a sostener:

  • A los demás.

  • Las responsabilidades.

  • La estabilidad.

Caer no era una opción.

Había que seguir, aguantar, resolver.

Con el tiempo, la tristeza se vuelve algo que se empuja hacia abajo.

Cómo se manifiesta la tristeza contenida

Cuando no puede expresarse, la tristeza suele aparecer de otras formas:

  • Irritabilidad.

  • Apatía.

  • Falta de motivación.

  • Sensación de estar “en automático”.

  • Dificultad para disfrutar.

No siempre hay lágrimas.

A veces solo hay peso.

El coste de no tener espacio

Sostener sin caer tiene un precio:

  • El cuerpo se tensa.

  • Las emociones se aplanan.

  • Los vínculos se enfrían.

  • Aparece la sensación de estar solo, incluso acompañado.

No porque no haya apoyo, sino porque no se sabe cómo recibirlo.

Permitir la tristeza no es rendirse

Dar espacio a la tristeza no significa quedarse atrapado en ella.

Significa escuchar qué necesita ser reconocido.

Cuando la tristeza puede ser sentida:

  • Pierde intensidad.

  • Se vuelve más clara.

  • Permite cerrar etapas.

  • Abre paso a otros movimientos internos.

El acompañamiento como lugar para caer

El espacio terapéutico puede ser uno de los pocos lugares donde no hace falta estar bien, ni fuerte, ni resolutivo.

Un lugar donde caer no implica fallar.

Si sientes que llevas tiempo sosteniendo sin saber muy bien qué, tal vez no necesites más fuerza, sino más espacio.

Solicitar una sesión puede ser el primer paso para explorar esa tristeza que ha estado esperando ser escuchada.

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